Desarraigo arriesgado
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En español, los términos “desarraigo” y “arriesgado”, constituyen un anagrama. Es interesante debido a los riesgos que implica inmigrar a otro país. Según la filósofa y escritora belga Françoise Collin: “No hay liberación sin desplazamiento” (Montanaro, 2016)1. La experiencia de valerse por sí mismo en un marco de referencias culturales diferentes, inherente a la expatriación, es un desafío multidimensional. Pero también, como sostiene Collin, puede ser liberador al permitirnos descubrir lo más auténtico de nuestro ser. Así fue la experiencia del fotógrafo argentino Mariano Barrientos.
Un viaje estético e iniciático
En el año 2011, Mariano emprendió un viaje a París, que resultó ser un viaje estético. Tal como lo definió el escritor y crítico literario argentino, David Viñas, el viaje estético es un viaje a Europa que permite contemplar estéticamente el arte, la cultura, la moda, etc., con una apreciación más profunda y selectiva que tendría un turista común. (Viñas, 1964)2. El viaje estético emprendido por artistas o intelectuales permite también desandar los pasos del conquistador y encontrarse a sí mismos. Tal fue el caso de Barrientos que en la ciudad luz visitó todos los grandes museos y sitios culturales emblemáticos. Quizás el clímax estético tuvo lugar al contemplar la Ópera (el Palacio Garnier), fue en ese momento que, Mariano Barrientos se proyectó viviendo en la metrópolis y se dijo a sí mismo con convicción: “Tengo que vivir acá”. El viaje estético, fue para él, también, iniciático. Al volver a su Buenos Aires natal, fue a la Alianza Francesa para estudiar la lengua de Voltaire. Realizó un plan maestro, para que le fuera factible, unos años después, habitar en la escenográfica capital.
Mariano Barrientos llegó a París a los 23 años en abril del año 2014. Esta vez, permaneció como residente hasta marzo del 2020. En los seis años de inmigrante, hizo de la urbe su hogar. Disfrutó de la vasta oferta cultural, asistió a espectáculos de música, teatro, cine, literatura y artes plásticas. Trabajó como fotógrafo profesional en la Torre Eiffel y luego, como marchand en la galería “Carré d’ artistes”, en las cercanías de la estación de metro “Odeón”. En su calidad de vendedor de arte, tuvo un contacto asiduo con los clientes y también se complacía de conversar con ellos e intercambiar ideas. Aprendió italiano, mejoró su nivel inglés y pulió su dominio del francés. Superó la timidez, amplió su círculo social, se abrió a conocer otras culturas. En la capital francesa, Mariano se cultivó tanto a nivel profesional como personal.
La aventura parisina representó para Barrientos, una oportunidad de autoconocimiento, aceptación y aprendizaje. Él considera que la experiencia de habitar en la ciudad luz, contribuyó a forjar su carácter y personalidad actual. Lejos de su tierra natal y de sus seres queridos, vivenció un proceso de transformación. Siendo muy joven aún, enfrentó con valentía la soledad e incertidumbre de los primeros tiempos de la migración. Pero, nunca se dejó abatir por el desaliento. Realizó numerosos viajes dentro y fuera de Europa en los que visitó grandes ferias internacionales y bienales de arte en Lyon, Berlín, Venecia y Nueva York. Progresivamente, fue conociendo referentes del mundo del arte y tejiendo nuevas redes profesionales. Su pasión por el arte y la vida, le permitieron crecer como ser humano y como artista.
Un flâneur porteño en París
Ahora bien, cabría preguntarse: ¿Cómo vivía Mariano Barrientos los tiempos de ocio en la capital francesa? Bien pudiera decirse que, como buen artista, Mariano, es un flâneur. La flânerie es la actividad de pasear y mirar llevada a cabo por el flâneur, un tema central en la literatura, la sociología y en el arte de lo urbano, más específicamente de una existencia metropolitana (Tester, 1994)3. Originalmente, la figura del flâneur se asoció a un tiempo y lugar específico: el París decimonónico, tal como fue evocada por Walter Benjamin en su análisis de Charles Baudelaire (Benjamin, 1983).
Según el sociólogo Keith Tester, lo público es el dominio del flâneur. Dado que este último, se vincula a la figura del poeta y por extensión a la del artista, quien sale de la esfera privada y entra en la pública buscando un sentido propio. El flâneur - artista es un hombre que puede sentirse cómodo en la multitud y que, también tiene la habilidad de leerla. A su vez, suele ser en los momentos de ocio creativo, cuanto más desocupado parece, que puede encontrar algo que lo convoque. En la actividad de la flânerie, el flâneur encontrará la verdad de su ser (Tester, 1994)3.
La descripción del sociólogo, retrata el carácter de flâneur de Mariano, quien se autodefine como un coleccionista de imágenes. Ciertamente, él tiene el don de capturar las fotografías menos previsibles y poner en escena los recuerdos con el fin de documentar la vida. Esta voluntad de crear imágenes - documento, es habitual en el marco de la fotografía contemporánea4. Del mismo modo, Barrientos focaliza en los detalles para contar una historia, es por eso que su poética se vincula con una aproximación plástica de la fotografía5. En el caso de la serie “Desarraigo arriesgado”, fue inspirada en detalles de las publicidades subterráneas de la mítica metrópolis, donde el fotógrafo observó su reflejo.
La serie fotográfica “Desarraigo arriesgado” como un palimpsesto ontológico
Durante el año 2019 y hasta marzo del 2020 en diversas circunstancias y en distintos horarios, Mariano Barrientos, fotografió con la cámara de su IPhone imágenes de los afiches del metro parisino. En tanto flâneur sensible, apreciaba con interés esas representaciones superpuestas cuyas numerosas capas arrancadas pueden datar desde del siglo XIX hasta la actualidad. Lo fascinante de esas imágenes múltiples y fragmentarias es que aluden tanto a la historia de la ciudad luz como al transcurrir de la existencia humana. Debido a los múltiples estratos de dichos posters, podría decirse que son como palimpsestos. Estos últimos remiten a los manuscritos medievales cuya escritura sobre pergaminos se borraba para volver a escribir sobre su superficie, por lo cual era habitual percibir una cierta superposición de escrituras. En relación con los afiches publicitarios citados, en vista de sus heterogéneas capas superpuestas, podrían considerarse como palimpsestos visuales, que dan cuenta un proceso de transformación socio-histórico y cultural.
En vista de la centralidad que tiene el metro en la urbe, no es de extrañarse que Mariano contemplara cotidianamente sus posters y se preguntara ¿Hasta dónde se pueden quitar capas de los afiches? ¿Hasta qué punto es posible extraer estratos de la personalidad? Los afiches subterráneos narran, en parte, la historia de la ciudad, algo que no pasó desapercibido al fotógrafo, quien procura con su arte relatar una historia. En este caso, la referencia es la historia de la publicidad parisina narrada a partir de sus fragmentos superpuestos, los cuales, pueden interpretarse como una metáfora del palimpsesto que subyace en la riqueza de la personalidad humana.
Si recordamos que la ontología es la rama de la filosofía que indaga en la verdad del ser. Las fotografías de anuncios del metro parisino podrían leerse como un palimpsesto ontológico, ya que aluden simbólicamente a la verdad del ser, tanto del inmigrante en particular como del ser humano en general. Es decir, por un lado, estos afiches con sus múltiples capas pueden representar visualmente, una metáfora de la vida del expatriado, con sus diversos estadios de adaptación al nuevo territorio. Y, por otro lado, así como Mariano seleccionó determinados encuadres, eligiendo ciertos detalles de los vastos anuncios, cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana escoge continuamente un recorte de todo lo que observa. En dicha selección, focaliza su energía y atención. Es por eso que este modo de operar del fotógrafo, remite también a nuestro modo de ser en el mundo.
Fotografía - elocuencia en la serie “Desarraigo arriesgado”
La serie “Desarraigo arriesgado” está compuesta de 20 fotografías tomadas a partir de fragmentos de anuncios de distintas estaciones de metro parisinas. No se trata de fotomontajes. Mariano Barrientos, capturó las imágenes en distintos días y horarios, plasmando en ellas una pluralidad de estados anímicos. En medio de la vorágine citadina, tomó las fotografías varias veces porque los pasillos de los metros, como es previsible, son espacios públicos de intenso tránsito. El fotógrafo, no se dejó amedrentar por la prisa de las multitudes. Un flâneur artista sabe interiormente cuando encuentra temas que lo convocan. Así fue que encuadró ciertos detalles de los anuncios que lo interpelaban y los fotografió con su IPhone. Esto explica su baja resolución. Puede notarse que las fotografías presentan una selección organizadora que hace factible realizar lecturas de la diversidad de segmentos. Ante la observación atenta de la serie, se aprecia en medio del azar, un orden compositivo, e inclusive belleza. La elocuencia se hace presente en las fotografías, lo cual explica el título de este apartado. A continuación, analizo algunos ejemplos.
A partir de los encuadres estéticos, en ocasiones surgen diálogos sorprendentes entre retratos que pertenecen a distintos afiches. Tal es el caso del detalle de un santo bordado del anuncio de la muestra “El arte del bordado en la Edad Media” del Museo Cluny que parece dialogar con el personaje yuxtapuesto que reproduce una obra de El Greco. A su vez, la mujer del conjunto enterizo color rojo vuelve su rostro hacia la izquierda, como si estuviera escuchando un concierto del músico del Museo de Orsay.
Algunas de las fotografías, cuyos colores y formas se complementan armónicamente constituyen obras abstractas en sí mismas, como la imagen en la cual sobre un fondo morado suave, los haces de luz blanquecina de un afiche, parecieran continuarse en las líneas blancas que contrastan sobre el fondo amarillo del poster yuxtapuesto. En otras fotografías de la serie, también puede subyugarnos la coherencia entre las figuras y el fondo. Tal es el caso de la imagen de la mujer de rasgos orientales de expresión melancólica, en cuyo fondo predomina el blanco que bien podría vincularse al vacío. Este último, caro a la pintura china y a la filosofía taoísta, es un elemento preciso para armonizar los opuestos y alcanzar la plenitud 6 (Cheng, 1979). En una línea similar, la fotografía del poster con el detalle de un paisaje montañoso y lacustre, está bellamente enmarcado por tiras de afiches celeste claro y turquesa. La sensibilidad artística de Mariano le permite percibir la beldad que habitualmente suele pasar desapercibida y compartirla con su público.
Asimismo, en las fotografías de la serie “Desarraigo arriesgado”, hay un predominio tanto de cuerpos y de rostros como de letreros que se exhiben fragmentados. Ahora bien, estos segmentos, se resignifican bajo el encuadre estético de Barrientos 7. Si bien la fragmentación de los cuerpos se vincula al azar, debido a las roturas parciales de los afiches y su reemplazo por anuncios nuevos, la fragmentación también podría interpretarse simbólicamente como el sentimiento de pertenencia a más de un lugar que suele tener un inmigrante. La subjetividad se deconstruye y reconstruye al vivenciar un proceso de emigración.
Ampliar el imaginario de la emigración: apertura y desprendimiento
Al mencionar la deconstrucción y reconstrucción del ser que implica ser inmigrante, pienso la esencia del sujeto bajo el prisma del existencialismo. La filosofía existencialista sostiene que la esencia de un individuo no es algo innato y estático, sino que, muy el contrario, se constituye progresiva y continuamente, con el transcurrir del tiempo y la sucesión de las múltiples experiencias vividas.
Ahora bien, al reflexionar sobre el imaginario de la emigración, es significativo que, en español, las palabras “arriesgado” y “desarraigo” formen un anagrama. Lo interesante es que los riesgos del desarraigo pueden manifestarse tanto al dejar el país de origen para vivir en otro, como al momento del regreso a la tierra natal.
En este punto, cabe preguntarse: ¿Cuán arriesgado puede ser un desarraigo? Todo depende de las circunstancias contextuales en las que alguien decida emigrar y cuáles motivos lo inspiren a hacerlo. Históricamente, puede pensarse el desarraigo de personas que dejaban sus patrias en situaciones forzadas e inclusive críticas. Tal es el caso, de los exilios inducidos por las Guerras Mundiales y las dictaduras latinoamericanas, entre otros. Es muy diferente, emigrar por un deseo de crecimiento y una búsqueda de nuevos horizontes. Por ejemplo, cuando alguien acepta una oportunidad laboral y/ o de estudio en el exterior o aún en otra región de su país. En ocasiones, también hay quienes parten sin ofertas previas, pero con la esperanza y la voluntad para encontrar nuevas posibilidades profesionales y personales en el nuevo territorio. Por supuesto, que, al margen de los tres casos citados, hay diversas variantes. Sólo hice alusión a las modalidades más habituales de emigración.
Antiguamente al mudarse a otras latitudes, las comunicaciones eran más lentas, costosas y difíciles. En la segunda década del siglo XXI, gracias a los avances tecnológicos recientes, cada vez es más fácil y accesible mantener el contacto y los vínculos con el país de origen. A su vez, las redes sociales, las videoconferencias y las llamadas telefónicas, se han tornado cada vez más accesibles. Esto también puede facilitar la creación de nuevos vínculos en el nuevo lugar de residencia. La tecnología bien utilizada nos permite generar, preservar, fortalecer y multiplicar contactos y relaciones. E inclusive, es factible originar redes de colaboración e intercambio.
En suma, por todo lo dicho anteriormente, es preciso ampliar el imaginario que se asocia con el acto de inmigrar. Es sabido que salir de toda “zona de confort”, conlleva ciertos riesgos, pero también crecimiento. Poder soltar y relacionarse con el momento presente permite no caer en la melancolía. Si se transita la inmigración con apertura y desprendimiento, - tanto en el sentido espiritual, como en el intelectual y emocional -, la experiencia puede ser prolífica y ontológicamente expansiva. Precisamente, de esta manera, con la sabiduría de la apertura y el desprendimiento, afrontó el desarraigo en París Mariano Barrientos. Por tales motivos, un francés diría que Mariano pasó de “être dépaysé” o de “avoir le mal du pays” à “être épanoui”. En español, diríamos que pasó de una cierta desorientación y nostalgia iniciales, a posteriori, sentirse realizado y en plenitud. Mariano venció lo arriesgado del desarraigo, de la mejor manera posible, llenó su experiencia de luz.
María Gabriela Figueroa
Fotografías
Bibliografía y notas al pie
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Montanaro, M. (2016). Françoise Collin, L’ insurrection permanente d´une pensée discontinue. Rennes, Presses universitaires de Rennes, coll. « Archives du féminisme », pp. 7-13. ↩︎
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Viñas, D. (1964). Literatura argentina y realidad política. Buenos Aires, Jorge Álvarez Editor. ↩︎
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Tester, K. (1994). « Introduction » en : Tester, K. (Ed.) The Flâneur. London, Routledge, pp. 1-21. ↩︎ ↩︎
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Couturier, E. (2015). Photographie contemporaine. Le guide. Paris, Flammarion. P. 45. ↩︎
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Ibídem. P. 61. ↩︎
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Cheng, F. (1979). Vacío y plenitud. El lenguaje pictórico chino. Seuil. ↩︎
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La fragmentación del cuerpo es habitual en el arte contemporáneo. Puede tener diversos significados y plantear una pluralidad de interrogantes. Por tal motivo, es menester analizar las obras de arte en sus respectivos contextos. Sobre la fragmentación del cuerpo en el arte contemporáneo y el surgimiento de nuevas iconografías de representación de los distintos géneros, ver: Giunta, A. (2014). ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo? Buenos Aires, Fundación Arte BA. Especialmente los capítulos 20, 21 y 22; Farjado – Hill, C., Giunta, A. and others. (2017). Radical Women: Latin American Art 1960 – 1985. Los Angeles: Hammer Museum y Giunta, A. (2018). Feminismo y arte latinoamericano. Historias de artistas que emanciparon el cuerpo. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. ↩︎